Fundada el 15 de agosto de 1627 Tolima, Colombia

Ambalema

La Ciudad de las 1101 Columnas

A orillas del río Magdalena, el tabaco convirtió a este pueblo del Tolima en un centro comercial de talla internacional.

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399años de historia
1980Monumento Nacional
13sitios patrimoniales
Historia

De encomienda indígena a Ciudad del Tabaco

Cuatro capítulos para entender cómo un asentamiento fundado para el cobro de tributos terminó definiendo, con una sola hoja de tabaco, la economía de todo un país.

I

Fundación y vocación tabacalera

Cuando los conquistadores españoles llegaron al alto Magdalena, en su margen occidental habitaban comunidades indígenas vinculadas a la tribu Panche, que se reconocían a sí mismas como Ambalemas. Parte de sus territorios fue entregada en encomienda al regidor Francisco Pardo. Este sistema, concedido por la Corona Española, otorgaba a los encomenderos el derecho a recaudar tributos de los indígenas, a cambio de brindarles protección material y espiritual, asegurando así su evangelización.

La ubicación de los Ambalemas resultaba estratégica: en sus alrededores existían minas de plata y, al estar asentados a orillas del río Magdalena, principal vía fluvial de conquista y colonización, el área ofrecía grandes posibilidades comerciales. Estas condiciones atrajeron a los colonos Jacinto de Prado, Félix Beltrán de Caicedo y Tomás de Bocanegra, quienes recibieron de la Corona partes de la encomienda de Pardo, reservándose ésta también una porción. Así, las tierras quedaron divididas como Ambalema de Prado, Ambalema de Beltrán, Ambalema de Bocanegra y Ambalema de la Corona Real.

Con el propósito de facilitar el cobro de tributos y el adoctrinamiento religioso, los encomenderos solían concentrar a los indígenas en poblados organizados alrededor de una iglesia. Por ello, en el siglo XVII, el visitador Lesmes Espinosa Sarabia ordenó la creación de un asentamiento que reuniera a los indígenas de la región. El lugar escogido fue la encomienda de Bocanegra, donde había existido la población de San Juan de Lagunilla, que tuvo su iglesia y algunas casas de bahareque. El nuevo asentamiento recibió el nombre de Santa Lucía de Ambalema y fue erigido oficialmente el 15 de agosto de 1627, aunque, como ocurre con frecuencia, no existe certeza sobre el acto fundacional.

Desde tiempos tempranos, el tabaco crecía silvestre en la región, lo que motivó a los españoles a cultivarlo. Este hecho marcó profundamente el destino de Ambalema, que con el tiempo sería conocida como la Ciudad del Tabaco. La economía local y su desarrollo urbano giraron en torno a este producto, aunque solo a partir de la segunda mitad del siglo XVIII el cultivo alcanzó gran auge, impulsado por la política económica de la Corona instaurada en 1776. Con el monopolio del tabaco, la producción aumentó de manera considerable y se construyó la primera fábrica para su procesamiento.

Gracias a ello, hacia finales del siglo XVIII Ambalema disfrutaba de una economía próspera. En 1781, durante la Revolución Comunera, el levantamiento de trabajadores indígenas, negros y mestizos, liderados por José Antonio Galán, obligó a los hacendados criollos y españoles a buscar refugio. Galán permaneció un tiempo en la población y allí abolió el estanco del tabaco y del aguardiente. Posteriormente, durante el proceso independentista, el Cabildo de Ambalema declaró su independencia del Estado de Cundinamarca el 17 de agosto de 1812. Tras la emancipación definitiva, la historia del municipio siguió ligada al tabaco.

En este nuevo escenario se destacó la Compañía Montoya y Sáenz, fundada por Francisco Montoya Zapata, que transformó la producción agrícola. Este modelo sustituyó la mano de obra esclavizada heredada de la colonia por prácticas innovadoras en el cultivo del tabaco, dando inicio a una nueva etapa de desarrollo económico y social para Ambalema.

II

El tabaco: auge y declive de la economía de Ambalema

La Compañía Montoya y Sáenz, más que una empresa familiar, fue una organización con múltiples frentes comerciales, y Ambalema constituyó uno de sus escenarios más importantes. Los cosecheros de tabaco solían vender su producción al contado a contrabandistas que lo transportaban hacia los mercados de Antioquia y Cundinamarca, aprovechando la fragilidad del naciente gobierno republicano. Pese a ello, el tabaco se consolidó como el principal producto de intercambio entre las tierras cálidas del alto Magdalena y la fría Sabana.

Ya desde los tiempos de la Gran Colombia el tabaco de Ambalema figuraba en las cuentas del Estado. Un decreto de Simón Bolívar, expedido en Bogotá el 6 de noviembre de 1827, reguló su precio al menudeo y reconoció que la hoja se vendía en la propia Ambalema y en Honda a la mitad de lo que costaba en la capital, irregularidad que el Libertador juzgó perjudicial para la hacienda nacional. Para corregirla dispuso que el tabaco de primera clase de Girón y de Ambalema se expendiera a cuatro reales la libra y el de segunda a dos reales.[1]

Un testimonio documental de aquella alianza entre el Estado y la casa comercial es la escritura firmada en Bogotá el 27 de agosto de 1845, por la cual el Director General de la renta del tabaco, Ignacio Gutiérrez, en nombre del Poder Ejecutivo de la Nueva Granada, y la Casa de Montoya, Sáenz y Compañía se obligaron a un contrato de cuatro años para surtir de tabaco la factoría de Ambalema, lo mismo para el consumo interior de las provincias que para la exportación.[2] El acuerdo, aprobado por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera al día siguiente, fijaba el precio de compra en veinticuatro reales por arroba de primera clase, quince por la segunda y nueve por la tercera, y preveía que la factoría recibiera cada año hasta treinta mil arrobas de la clase superior.

"La compañía se comprometía a moralizar y a procurar el bienestar de los cultivadores, a remediar los abusos introducidos de tiempo atrás en Ambalema y a facilitarles adelantos en dinero para que trabajaran con desahogo."

En la factoría de Ambalema, tanto el personal como los registros contables mantenían continuidad con la época colonial. Sin embargo, un incendio ocurrido el 17 de septiembre de 1825 cambió radicalmente el rumbo del poblado. El siniestro destruyó gran parte de la ciudad, lo que llevó a sus habitantes a trasladarse a los alrededores de la factoría de tabaco, donde se asentaron peones, comerciantes y navegantes. Con el tiempo, el área se transformó en un espacio de grandes haciendas tabacaleras, hecho que influyó en el modelo de crecimiento urbano del municipio, que terminó "dándole la espalda" al río Magdalena.

El gobierno republicano autorizó el cultivo de tabaco no solo en Ambalema, sino también en Girón, Palmira, Casanare, San Gil, Colombaina, Ocaña, Peñalisa y Purificación. Hasta 1835, la producción de Ambalema cubría prácticamente todo el mercado nacional. El respaldo del gobierno a la economía exportadora fortaleció a la Compañía Montoya y Sáenz, que logró duplicar la producción y llevar el tabaco a mercados internacionales. En la década de 1840, este producto se consolidó como un artículo permanente de exportación, lo que impulsó la promulgación de la Ley del 23 de mayo de 1848, que declaró libre su cultivo y suprimió el estanco desde el 1 de enero de 1850.

Al acercarse el fin del estanco, el Gobierno sacó a remate las existencias de tabaco de Ambalema que aún guardaban sus oficinas, y la Casa de Montoya, Sáenz y Compañía se las adjudicó en la puja pública celebrada el 12 de abril de 1850.[3] Estas condiciones dieron inicio al boom tabacalero, que llevó a los hacendados a competir con los cosecheros, ampliando las áreas de cultivo y diversificando mercados. Ambalema alcanzó reconocimiento internacional en países como Inglaterra, Francia y Alemania: en Bremen, por ejemplo, las importaciones se triplicaron entre 1853 y 1857. Ambalema concentraba cerca del 60% de la producción nacional, aunque otras poblaciones como Palmira, Carmen de Bolívar, Girón y San Gil también lograron participación relevante.

Se estima que durante este auge la fuerza laboral oscilaba entre 10.000 y 20.000 operarios, en su mayoría empleados por la Casa Inglesa, fundada hacia 1838-1840. Sin embargo, la bonanza finalizó en 1858, dejando severas consecuencias sociales: riqueza repentina, despilfarro e inestabilidad, caída en la producción, plagas y mayor competencia internacional. Francisco Montoya, socio de la casa de Montoya, Sáenz y Compañía, llegó a adeudar a los comerciantes ingleses Frühling y Goschen veinte mil libras esterlinas, garantizadas con la hipoteca de varias de sus haciendas.[4] Cuando en 1858 los negocios de la firma se pusieron en mal estado, Montoya y sus socios buscaron arreglarse con sus acreedores, mas un año después la casa terminó por quebrar.

Sus propiedades fueron adquiridas hacia 1905 por la casa inglesa Frühling y Goschen, que también compró la Casa Inglesa y fundó la fábrica La Patria. Gracias al ferrocarril inaugurado en 1906, la industria tabacalera tuvo un resurgir, y durante las siguientes décadas aparecieron nuevas factorías como La Habanera, La Pinzón[5] y La Tolimense. La segunda edad dorada de Ambalema terminó trágicamente el 18 de agosto de 1928, cuando un incendio destruyó la fábrica La Patria, poniendo fin a la industria tabacalera local y dejando a la población en la ruina.

Tras la decadencia del tabaco, la economía local intentó sostenerse con los ingenios azucareros del Tolima y, más tarde, con la ganadería. Hoy, sus principales actividades económicas se centran en la ganadería y el cultivo de arroz, sorgo, ajonjolí y algodón, mientras la memoria del tabaco permanece como parte esencial de su identidad histórica.

Notas documentales (1–5)
  1. [1] Decreto de Simón Bolívar sobre el precio del tabaco, Bogotá, 6 de noviembre de 1827, refrendado por el secretario de Hacienda José María del Castillo. Gaceta de Colombia, núm. 317, Bogotá, 11 de noviembre de 1827. Reproducción digital en FamilySearch, Image Group Number 008877252, imagen 24 de 1112, consultado el 20 de junio de 2026.
  2. [2] Contrato entre el Director General de la renta del tabaco, Ignacio Gutiérrez, y la Casa de Montoya, Sáenz y Compañía, firmado en Bogotá el 27 de agosto de 1845 y aprobado por el presidente Tomás Cipriano de Mosquera el 28 de agosto de 1845. Bogotá, Notaría Primera de Cundinamarca. Reproducción digital en FamilySearch, Image Group Number 007948005, imágenes 2439 a 2444 de 3259, consultado el 20 de junio de 2026.
  3. [3] Contrato de venta de las existencias de tabaco de Ambalema entre el Director General de Ventas, Carlos Martín, y la Casa de Montoya, Sáenz y Compañía, adjudicado en remate público el 12 de abril de 1850 y protocolizado en Bogotá el 29 de noviembre de 1850. Publicado en la Gaceta Oficial núm. 1.625. Reproducción digital en FamilySearch, Image Group Number 007950353, imágenes 2706 y 2707 de 3263, consultado el 20 de junio de 2026.
  4. [4] Observaciones a la sentencia del Tribunal Superior en el litigio sobre las hipotecas de Francisco Montoya a favor de la casa Frühling y Goschen. El Foro, periódico, Bogotá, 1869, números 162 a 165. Reproducción digital en FamilySearch, Image Group Number 007973556, imágenes 409 y 410 de 3061, consultado el 21 de junio de 2026.
  5. [5] Escritura de constitución de la sociedad Carlos Pinzón y Compañía, Notaría Cuarta de Bogotá, núm. 496, 2 de mayo de 1891, inscrita el 4 de mayo de 1891. Registro Judicial de Cundinamarca, Bogotá, 1891. Reproducción digital en FamilySearch, Image Group Number 007950306, imagen 1840 de 2960, consultado el 20 de junio de 2026.
III

El río Magdalena y el ferrocarril: entre la conexión y el aislamiento

La ubicación geográfica de Ambalema es fundamental para comprender tanto su auge como su declive. Su conocido "encierro" o aislamiento fue un factor decisivo que limitó su desarrollo, al impedir una integración plena con los mercados del interior del país y, sobre todo, con las costas. Esta condición cambió temporalmente durante la primera bonanza tabacalera, cuando la navegación por el río Magdalena impulsó el comercio y la comunicación.

En la primera bonanza, la navegación a vapor se consolidó como un medio de transporte relativamente eficiente, aunque con limitaciones: la hoja de tabaco debía llegar únicamente hasta Honda, donde se realizaba el transbordo hacia las costas, debido a la imposibilidad de muchas embarcaciones de superar los peligrosos "saltos de Honda".

La segunda bonanza estuvo ligada a la llegada del ferrocarril. El proyecto se inició en 1893, con la idea de prolongar la línea desde Honda hasta Girardot. La obra se detuvo debido a la guerra, pero se reanudó en 1907, gracias a un contrato con la firma inglesa Pearson & Son, posteriormente cedido a The Dorada Railway Extension Company Limited. La línea férrea alcanzó Beltrancito, un poblado a tres kilómetros de Ambalema, con un puerto lo suficientemente profundo para recibir vapores.

Cuando la navegación fluvial perdió protagonismo, la estación fue trasladada directamente a Ambalema. Sin embargo, en 1931, tras la modificación de la ruta que conectaba Bogotá con la costa Atlántica, la parada en la población fue suprimida. Con ello se selló el fin de la bonanza tabacalera y comenzó el abandono de la línea férrea y de su estación, un notable edificio de estilo Art Decó que hoy sobrevive luego de haber sido restaurado por el Instituto Nacional de Vías en 2014 y en 2025.

IV

Arquitectura, patrimonio e identidad histórica

La importancia comercial de Ambalema le permitió destacarse en la segunda mitad del siglo XIX. En 1865, durante la presidencia de Manuel Murillo Toro, se convirtió en la primera población del Estado Soberano del Tolima en contar con el servicio de telégrafo, símbolo de modernidad y progreso para la época.

Ubicada en el noroccidente del departamento del Tolima, Ambalema cuenta con una población aproximada de 7.674 habitantes, según el DANE 2005, y forma parte de los tres centros históricos del departamento. Su relevancia patrimonial llevó a que fuera declarada Monumento Nacional en 1980, mediante el Decreto 776.

Su riqueza arquitectónica le ha valido el apelativo de "La Ciudad de las 1101 Columnas", debido a la singularidad de sus construcciones de un piso, con fachadas que exhiben abundantes pies derechos y vistosos aleros diseñados para proteger a sus habitantes del intenso sol y de la lluvia.

El patrimonio cultural de Ambalema también se refleja en sus celebraciones. Cada año se realizan eventos de gran importancia social y económica, como las Fiestas del Chorrillo, del 16 al 19 de agosto; la celebración patronal de Santa Lucía, del 11 al 15 de diciembre; y el aniversario del municipio, el 15 de agosto. A estos atractivos se suman los paseos fluviales por el río Magdalena, que incluyen el cruce en el ferry Omaira, bautizado en homenaje a una de las víctimas del desastre de Armero en 1985.

No toda la memoria de Ambalema cabe en las cuentas del tabaco: la villa es también cuna del mago Lémber, uno de los ilusionistas más célebres que dio Colombia.

Hijo de una humilde planchadora, de niño cargaba maletas a los viajeros que arribaban por el río y soñaba con embarcarse. Un día se escondió de polizón en un vapor del Magdalena y, descubierto en Barranquilla, fue acogido por Charles Lember, un mago inglés de gira por el Caribe que se lo llevó a Londres, lo educó, le enseñó el arte de la magia y terminó por adoptarlo y darle su apellido. Con ese nombre recorrió los escenarios de Europa y América, de Chile a Guatemala, y asombró con su Suplicio Chino, en el que una mujer encerrada en un cajón se desvanecía bajo el filo de las espadas. En 1961, tras la muerte de su madre, regresó para quedarse en Ambalema, donde murió en 1969 envuelto en un halo de leyenda que todavía lleva a muchos a pedirle favores ante su tumba ajedrezada.[6]

Nota documental (6)
  1. [6] Sobre el mago Lember se siguen aquí dos fuentes: la partida de bautismo del niño Eduardo Cázares en la parroquia de Santa Lucía de Ambalema, con anotación marginal de su adopción por Carlos Lember el 29 de agosto de 1929, Archivo Arquidiocesano de Ibagué, Diócesis de Líbano y Honda, reproducción en FamilySearch, Image Group Number 007503836, imagen 1505 de 3041, consultado el 21 de junio de 2026; y Óscar Murillo Mojica, "Lémber, el mago tolimense que encantó al mundo", El Tiempo, Bogotá, 20 de noviembre de 2020. La partida fija su nacimiento el 16 de noviembre de 1912 y su bautismo el 23 de febrero de 1913, fecha que difiere de la de 1906 inscrita en su tumba.
Sitios patrimoniales y turísticos

13 lugares para caminar la historia

Del muelle donde se embarcaban los fardos de tabaco a la iglesia que aún convoca la balsada de Santa Lucía. Toca cada sitio para ver su historia completa.

01

Casa Inglesa

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Construida entre 1838 y 1840, fue en sus orígenes sede de la Compañía Montoya y Sáenz y, más tarde, de la firma británica Frühling y Goschen, de la cual heredó el nombre con que hoy se la conoce. Pasó después a manos de William Vaughan y permaneció ligada a la actividad tabacalera hasta el incendio de 1928 que consumió la factoría La Patria.

En 1951 fue vendida al municipio y, en años de violencia, sirvió de refugio para los desplazados. Durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla funcionó allí el programa social Sendas. Hoy perdura como uno de los mayores símbolos patrimoniales de Ambalema y testimonio del peso que el tabaco tuvo en Colombia.

02

La Factoría

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Uno de los edificios más antiguos y representativos de Ambalema. Su fábrica en adobe, calicanto y techos de teja de barro refleja la tradición constructiva española heredada del siglo XVIII. Durante el auge tabacalero del siglo XIX cumplió un papel decisivo como centro de procesamiento y almacenamiento de la hoja, pues allí se hallaba la prensa con que se armaban los fardos destinados a la exportación por el río Magdalena.

Con el declive del tabaco, la edificación mudó de oficio y acogió la Escuela María Auxiliadora, que durante décadas formó a generaciones de ambalemunos y se volvió referente social y cultural del municipio.

03

Estación del Ferrocarril

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Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, Ambalema fue un activo centro comercial y fluvial gracias al tabaco. Para estrechar su vínculo con el interior del país se impulsó el Ferrocarril del Tolima, que hacia 1936 ya enlazaba a la población con Ibagué, Mariquita, Honda y Girardot. El descontento por la precariedad del viejo edificio estalló en octubre de 1937 en una revuelta que terminó en balacera, con un saldo de cinco muertos.

Tras aquellos hechos se levantó una nueva estación de diseño Art Decó, inaugurada hacia el final de los años treinta. El auge de las carreteras llevó a su abandono en 1975. En 1996, mediante el Decreto 746, fue declarada bien de interés cultural del ámbito nacional.

04

La Casona

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Construida hacia mediados del siglo XIX, mantiene vigentes en su manufactura las técnicas constructivas del período colonial, con los característicos soportales que definen su fachada. Su estructura de bahareque reforzado con barro y bejuco y su techo de teja de barro revelan la estética funcional y monumental de la época. Según la tradición local, en la década de 1870 habría acogido un temprano establecimiento de crédito, el llamado Banco de Comercio.

Con el tiempo mudó de destino y sirvió como hospicio, y después como jardín infantil, donde las cigarreras podían dejar a sus hijos mientras cumplían su jornada en las factorías.

05

Iglesia de Santa Lucía, Antigua

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La patrona de Ambalema habita en este templo, cuya presencia se remonta al período colonial. Nació de una vieja capilla doctrinera encargada de unir y vigilar a la comunidad indígena bajo la fe católica. Durante los años ochenta recibió restauraciones, pero llegando al año 2018 su cúpula terminó por venirse abajo.

El templo se erigió en honor de Santa Lucía, mártir del siglo III venerada como protectora de la vista, cuya imagen recibió el apelativo popular de La Tuerta. Su festividad, el 13 de diciembre, se celebra con la tradicional balsada: una procesión fluvial que el día 12 recorre el río Magdalena con los fieles portando velas.

06

Hacienda Pajonales

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Uno de los testimonios más importantes de la economía agrícola y ganadera del Tolima. Su historia se remonta al período colonial, cuando las fértiles tierras de la ribera del Magdalena empezaron a destinarse al cultivo de tabaco y algodón, y más tarde a la ganadería. Durante el siglo XIX cumplió un papel destacado como centro de producción y experimentación agrícola.

A comienzos del siglo XX diversificó su producción hacia la ganadería de ceba y cría. Hoy es un referente histórico y cultural que muestra los altibajos de la economía nacional, desde la bonanza del tabaco hasta la actividad ganadera actual.

07

Parque Bolívar

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El corazón cívico y social del municipio. Se concibió como un espacio urbano de carácter representativo, en torno al cual se consolidaron los principales edificios públicos y religiosos, entre ellos la iglesia de Santa Lucía y antiguas casas coloniales que sirvieron de sedes administrativas y comerciales durante el auge tabacalero.

Hacia las primeras décadas del siglo XX se erigió en su centro el monumento a Simón Bolívar, gesto que consagró el parque a las conmemoraciones del 20 de julio y el 7 de agosto. Con el tiempo recibió adecuaciones y hoy sigue siendo uno de los símbolos más representativos de Ambalema.

08

Sede de la Alcaldía

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El Palacio Municipal, ubicado en la plaza principal, ocupa una edificación levantada por los ingleses durante los años de esplendor del tabaco: una gran casona en tapia pisada, con techo de teja de barro, pies derechos en madera y amplios aleros. Allí funcionaron por generaciones la alcaldía, el concejo, la tesorería, los juzgados, la registraduría y la cárcel.

Durante la noche del 27 de julio de 1993, un incendio voraz redujo la casona a escombros y destruyó archivos municipales con más de cien años de historia. La Subdirección de Monumentos del Instituto Nacional de Vías lideró la reconstrucción total del inmueble en 1995, devolviéndole su aspecto tradicional.

09

Cementerio de Ambalema

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Construido en el siglo XIX, es uno de los espacios patrimoniales más representativos de la villa. Su traza responde al modelo de camposanto de finales del siglo XVIII: distribución rectangular, muros perimetrales en mampostería de calicanto y un acceso principal de diseño sobrio.

En su interior descansan hacendados, comerciantes, artesanos y familias tradicionales que formaron parte del auge tabacalero. Sus lápidas y esculturas transitan desde lo popular hasta lo neoclásico. Integra el Centro Histórico declarado Monumento Nacional en 1980.

10

Nueva Iglesia de Santa Lucía

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Se construyó para sustituir al antiguo templo. Su diseño contemporáneo marca una transición estética frente al estilo tradicional de su predecesora, pero mantiene la continuidad de un culto centenario. Consagrada a Santa Lucía, patrona de Ambalema, continúa siendo el epicentro de la vida religiosa local.

La imagen de la santa, figura importada de España, protagoniza la tradicional balsada del 12 al 13 de diciembre. Ubicada en la carrera 5 con calle 8, funge como sede parroquial principal.

11

Muelle El Retiro

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Testimonio de la época dorada del municipio como centro comercial y de transporte fluvial. Ubicado a orillas del río Magdalena, fue pieza clave en la conectividad regional: el Magdalena era entonces la principal vía hacia el interior del país y hacia el puerto de Honda, desde donde la carga seguía rumbo a las costas.

El muelle facilitaba la carga y descarga de mercancías, en especial del tabaco que se embarcaba en fardos. Hoy permanece como símbolo del pasado próspero de Ambalema y de su vínculo con el río.

12

Malecón

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Inaugurado en abril de 2008, permanece como testimonio del pasado glorioso del municipio como centro comercial y de transporte fluvial. Extendido a orillas del río Magdalena, brinda a los visitantes la oportunidad de contemplar el caudal bajo la sombra de los samanes.

Conserva también un tanque de agua que en otra época abastecía a las locomotoras de vapor que unían a la región con La Dorada, en Caldas. Funciona hoy como mirador privilegiado hacia el río Magdalena.

13

Línea Férrea Ambalema-Honda

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Pieza clave del desarrollo económico y logístico del Tolima a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Formó parte del proyecto del Ferrocarril de La Dorada, que buscaba conectar el interior del país con el río Magdalena. Su construcción comenzó en 1893, a cargo de la compañía británica The Dorada Railway Company Limited.

El sistema enlazaba La Dorada con Honda y pasaba por estaciones como Beltrán, Santuario, Guayabal y Mariquita. Un viaje desde La Dorada hasta Ambalema tomaba cerca de cinco horas. La competencia de otros medios de transporte llevó al cese del servicio en 1985, pero varias estaciones conservan la memoria de aquel medio de transporte.

Ambalema, Tolima

Un municipio que fue durante buena parte del siglo XIX uno de los más prósperos del país, y que hoy reconstruye su vocación turística desde el mismo patrimonio que lo hizo célebre.

Textos: Alberto Escovar Wilson-White Diseño: Piedra, Tijera, Papel Fabricación: La Minita Ambalema, Tolima, 2026